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Cambio de Lado – Capítulo 1

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Agradecimientos

¡Gracias!

A Yanina, por su amor y apoyo incondicio­nal,
a mis hijos adoptados de otra especie Camilo, Th­eo y Elena, que cust­odiaron mi escribir.
A Cristina Laxalt, mi sanadora.
A Patricia Hashuel, mi primera formadora coach.
A Patricia Olmo, mi Coach, que supo deci­rme que los planetas me acompañaban en este proyecto.
A Black Swan training Juana y Karina, que me entrenaron hasta este logro.
A Andrea Fernández y su equipo del Dicde, que enriquecieron mi mirada del Coaching de­portivo.
A Mauro Ezequiel Burgo y Jorge Camino, que me es­timularon a que este libro se haga reali­dad.
A mi amigo profe y editor Jorge el Flaco Sagrera, por su pac­iencia, guía y conte­nción.
A Magdalena Mariani, por su última mirad­a.
A mis alumnos coac­hees y colegas que, con sus vivencias y experiencias, me permitieron capi­talizar el aprendiza­je que aquí intento transmitir.
A mis maestros espir­ituales.
A vos mamá, porque de vos aprendí el amor por la literatura.

¡A la vida!

 

 

Esta es la historia de un jugador, que ha perdido su juego, ha perdido un estado. Y siente que debe encontrar algo que lo vuelva a conectar, pero no sabe bien qué es.
Lo busca desde la dualidad, más de esto, más de aquello. Intenta con uno y otro coach, entrenadores y profesores, pero nada lo lleva hacia lo que desea.
Hasta que alguien, un fan, le sugiere el nombre de un maestro que enseña desde un lado diferente. El jugador intuye que puede ser que por allí encuentre la respuesta.
La condición que le pone este maestro es la de entrenar por treinta días en un lugar apartado. Entonces el joven le pide a su sponsor, que es como un padre para él y que está pasando también por un vacío existencial, que le preste su finca cerca del mar, la que tiene una cancha de tenis. Joss le dice que sí, pero también pone una condición, la de compartir con ellos durante ese proceso.
Así transcurren los días, con la presencia de Juan el parquero, un pequeño hombrecito muy sabio, que utiliza la naturaleza como su filosofía de vida. Y Camilo, un Collie.
Los cuatro van compartiendo enseñanzas que tienen que ver con la manera en que vemos y vivimos la vida. Y poco a poco van encontrando su propia mirada.
Esta novela es sobre el juego de la vida, sobre esas preguntas que alguna vez nos hacemos para sentirnos más plenos.
Después de todo, ¿quién de nosotros no ha perdido alguna vez el juego, y necesitó cambiar de lado para volver a encontrarlo?

 

Dedicatorias

Dedicada a vos Miguel Batista,
que me empujaste en esta vida
y lo seguís haciendo desde donde estás ahora.
Te extraño amigo.
¡Gracias!

Índice

Capítulo 1: La llamada.
Capítulo 2: La llegada.
Capítulo 3: El camino inverso.
Capítulo 4: El enfoque. Conversaciones.
Capítulo 5: Organizando la rutina. Entrando en calor.
Capítulo 6: Charla con el jugador ¿De qué se trata este juego?
Capítulo 7: Aquietar la mente. Aprendiendo a meditar.
Capítulo 8: Tu mente tu fortaleza.
Capítulo 9: Felicidad. El juego del maestro.
Capítulo 10: Autoridad… ¿A quién validás?
Capítulo 11: Silencio. Mindfulness.
Capítulo 12: Miedo, preocupación.
Capítulo 13: El arroyo. Aceptación.
Capítulo 14: El ego y su juego, el control.
Capítulo 15: Biomecánica. La inteligencia del cuerpo.
Capítulo 16: Disfrutar.
Capítulo 17: Saque y energía.
Capítulo 18: Visualización. Entrenando con imágenes.
Capítulo 19: No puedo. Entonces no podés.
Capítulo 20: Metas verdaderas.
Capítulo 21: La actitud. El rugbier y el tenista.
Capítulo 22: La tristeza del maestro.
Capítulo 23: Un cumpleaños inesperado.
Capítulo 24: La presión, ¿dónde vive?
Capítulo 25: Incomodidad o pintar mandalas.
Capítulo 26: Mahendra, ¿qué es la iluminación?
Capítulo 27: Cambio de lado.
Capítulo 28: Conversaciones sobre la unidad.
Capítulo 29: ¿Disfrutar del hacer, o del obtener?
Capítulo 30: ¿Cuándo es el momento?
Capítulo 31: Jugá tu ciento por ciento.
Capítulo 32: La cena final.

Capítulo 1: La llamada

—Señor Joss, tiene una llamada.
—No estoy —dijo mirando a través de la ventana del piso 23—. Decí que aún no llegué.
—Señor, es Tomás.
—¿Tomás? Comunicame.
—Hola ¿Joss?
—¡Tomi! ¿Cómo estás?
—¡Bien!
—¡Qué coincidencia! Hace tiempo que tengo la intención de llamarte ¿Por dónde andás?
—Sí es verdad, hace rato que no hablamos. Estuve viajando de aquí para allá, siempre detrás de lo mismo, buscando ese “Estado”.
¡Ese estado! ¡Ese Estado!, se repitió mentalmente el empresario.
—Y es en relación a eso que te llamaba, quería hacerte un pedido.
—¿Qué necesitás? Esperá, ¿dónde estás?
—En el club.
—Si te parece voy para allá y charlamos.
—Ok, te espero.
 
Joss se dirigió al ascensor.
—¡Qué buena excusa para salir de aquí! ¡Al fin un poco de entusiasmo por algo!
Pero, ¿cuánto me durará?, pensó, ¿Será por eso que Tomi es como un hijo para mí, porque nos sucede lo mismo, a él en su juego y a mí en el día a día?
Un timbre sonó y las dos puertas se abrieron. Entró y apretó el botón: primer subsuelo.
¿Necesito metas más altas, que eleven mi entusiasmo? Sí, eso es, hoy planificaré objetivos más estimulantes. ¡Bien!, pensar en eso ya me está motivando. ¡Sí, qué bueno! ¡Eso es, necesito intensidad!
 
105 km por hora figuraba, digitalmente, en el tablero del A3. Consumo de combustible mínimo. Divisó el cartel que indicaba la salida de la autopista y comenzó a disminuir la velocidad. Aunque conocía el camino a la perfección, siguió al pie de la letra las indicaciones del GPS.
Detuvo el dos puertas en la entrada del club.
—¡Hoy vino en el rojito! ¿Qué tal, señor?
—¡Hola José!
—¿Con quién juega hoy?
—No, no vengo a jugar. ¿Lo viste a Tomás?
̶Sí, hace un rato —dijo José apoyando una mano en el capó del Audi y continuó— ¡Usted sí que la tiene clara, señor! Quédese tranquilo yo se lo cuido.
Joss hizo un gesto y las llaves sonaron en las manos del portero. Ese trabajo le encantaba: Hacer sentir a los dueños que sus autos estarían seguros y cuidados.
Joss lo miró enfocándose en la alegría del cuidador.
¡Este tipo sí que parece feliz! ¿Dónde estará su clave? ¿Metas más altas?, pensó nuevamente, pero esta vez con una actitud irónica hacia sí mismo ¿Cómo puede ser feliz alguien que solo mueve autos lujosos de un lugar a otro y vuelve a su casa en bus? ¿Será ese el punto? ¿Solo tener lo necesario y valorar lo que se recibe?
—Un día de estos, te vas a dar una vuelta en el rojito como vos lo llamás ¿Te gusta la idea?
El rostro de José se iluminó con una sonrisa.
—¡Señor, no vaya a ser que se lo choque! No me lo perdonaría.
—Ok, después hablamos.
Miró el reloj mientras caminaba hacia el sector del bar.
—Hola —saludó al cantinero
—¿Cómo estás Joss? Tomi está en cancha siete, te está esperando.
 
Se dieron un abrazo. Él lo quería como a un hijo. Tanto que, según los comentarios, era el único patrocinador que le quedaba al jugador. Joss era dueño de una cadena de hoteles en diferentes capitales de Sudamérica, al mismo tiempo que poseía restaurantes y bares en el país. Además de sentir afecto por Tomás, se veía identificado como tenista. “Mi sueño siempre fue ser jugador profesional, decía, pero la vida no lo quiso así”. Y había algo más que los hermanaba. Sus búsquedas. Para el empresario la de volver a estar bien consigo mismo, encontrar un nuevo sentido a su vida y descubrir algo más que ganar dinero y prestigio. La del jugador, era recuperar nuevamente la conexión con su juego para volver a disfrutar y vivir plenamente. Un juego que lo había llevado a la cima, pero que ahora estaba cada vez más lejos.
—Me cambiaste la mañana Tomi, tengo ganas de saber qué necesitás. Me tenés intrigado.
La cancha siete estaba rodeada por una tribuna no muy grande. Unos veinte escalones de cemento comenzaban a elevarse a seis metros de cada línea lateral. La siete era utilizada para presenciar entrenamientos, o algún partido clasificatorio de torneos. Se sentaron en el quinto peldaño, mirando en dirección al polvo naranja y a dos juveniles que peloteaban cruzado.
—En este último tiempo —comenzó a decir Tomás— he probado con diferentes entrenadores. Todos ellos muy buenos. Pero yo sigo igual. Lo que necesito tiene que venir por otro lado. Con el último coach trabajé, inclusive, junto a un psicólogo deportivo, pero tampoco. Curiosamente, hace dos días me llegó un mail de un fan desconocido que dice seguir desde siempre mi trayectoria… y me habló de un maestro.
—¿Un maestro? ¿De qué? ⸻preguntó asombrado.
—Es un maestro que, además de entrenar tenis, va más allá.
—¿Más allá? ¿Más allá de qué?
—No sé, dice que enseña un enfoque diferente, que se puede aplicar o lo que quieras conectándote a tu máximo potencial. Lo cierto es que ayer hablé con él, y está de acuerdo en entrenarme, pero con determinadas condiciones.
—¿Cuáles? ⸻exigió saber el empresario cada vez más intrigado.
—Una, es practicar estrictamente durante un mes con su sistema. La otra, es que ese entrenamiento sea en un lugar apartado. Y es ahí donde entrás vos. Quiero pedirte que nos permitas vivir y entrenar ese tiempo en tu finca del mar.
Joss quedó en silencio unos segundos.
—Sí, es el lugar ideal —dijo Joss—. Pero igualmente, tengo una condición. Yo también quiero estar ahí.
Sacó su celular y marcó un largo número.
—Hola Juan ¿Cómo estás? ¿Todo está bien por allá? Bueno, me alegro. Escuchame, necesito que preparés todo que… esperá, ¿Cuándo tendríamos que estar allá Tomi?
—Este sábado.
—Sí, Juan, para este sábado quiero todo en condiciones… Sí ya sé, ya sé, no me refiero a tu trabajo, sé que tenés todo impecable, sino a que completes la heladera y especialmente que la cancha este perfecta. Ok. Sí, ahí estaremos. ¿Necesitan algo Mirta y vos? Bien, no te preocupes. ¡Qué bueno verte pronto Juan y saborear tus exquisitos asados! ¡Abrazo grande!
—Gracias Joss, sabía que podía contar con vos ⸻dijo Tomás sonriendo.
—Sí, pero me escuchaste ¿No? La condición es que yo quiero estar ahí.
—¡Me parece bárbaro! —dijo el jugador— Estoy seguro de que el maestro no va a tener problemas.

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